jueves, 25 de agosto de 2011

El mundo es un pañuelo : Él (2/3)

Se despertó con el sonido de una musica horrible y aeróbica el viernes por la mañana. Puteó a su madre y a su nuevo personal trainer aunque por dentro siempre supo que era un cartel, que el tipo se la cogía.
Mucho no le importaba, estaba acostumbrado a ese tipo de pensamientos. Hasta una vez justificó los adulterios de su madre con un "Es lógico que mamá haga esas cosas, papá las hace con miles de minas en sus
viajes de negocios."
La rutina, como siempre: despues de su complejo vitaminico se fue para la universidad y a las cinco de la tarde ya estaba en la practica de Rugby.

En las duchas se encontró con Martín, el dealer personal que le vendía cartones de ácido desde los quince años.
Habían acordado ir al viejo club. En ese club se conocían todos y no era muy exclusivo como los lugares que él solía frecuentar. Pero siempre consideró una estupidez que lo vean arruinado, borracho y drogado miles de ricachones.
Entraron al club y sin mucho buscar dio con los ojos de ella. Entre mirada que va, mirada que viene y sumado el speech que le daba éxito con todas las tipas que lo habían escuchado, le robó un beso, su numero telefonico, el alma.
Se dio cuenta de la esencia de la pobre tipa: Una virgen, una nena de mamá que todavía tenía la capacidad de dibujar corazones junto a cientos de garabatos con el nombre del chico que se ganara su corazón.
Quedaron en verse, se vieron a los tres días de haberse conocido y entre tazas de café y la constante observación que le hacía a ella no le quedó otra que asumir la verdad: se estaba enredando groso con la cenicienta de turno.

Le encantaba todo lo que viniera de ella. Le encantaba escucharla hablar y hasta cada triste fragmento de vida que ella le había contado: desde cómo su padre la había abandonado y como hizo para lograr salir adelante y crecer sin una figura paterna presente.
"-Igual, lo de mi viejo no me jode tanto... Bueno si, pero me consiguieron un numero de telefono para poder ubicarlo. Todavía no lo llamé. Tengo miedo aunque la curiosidad me esté matando. Pero mas miedo le tengo a la decepcíón de saber que no puede ser él"
"-Tranqui, cuando te sientas segura lo llamás y listo. Es un trámite" le dijo cómo para calmarla.
"-Justamente yo te lo digo, que viví con un padre a medias. De esos padres que priorizan trabajo por los hijos... De esos soretes está lleno el mundo"

Despues de estar casi cinco horas hablando ya no quedaba mas que decir. Ambos fueron a la casa de ella. Él estaba fascinado con todo lo que ella le mostraba. Se dejó guiar por uno de los barrios mas pobres tan solo para lograr llegar a su casa.
Llegaron a la casa. "chiquito, sencillo... No está tan mal" pensó él mientras se acostaba sin dejar de besarla y pasarle la mano abajo de la remera.
Se desnudaron en cuestión de segundos mientras ella le daba la mejor chupada de pija que había sentido en su vida, él pudo visualizar a lo lejos el cartón de acido que había caído de su pantalón.
La apartó con mucho cuidado y disimulo para ir a buscar el LSD.
"-¿Que es eso?"
"-Acido, te vuela la cabeza, te hace sentir el sexo de una forma muy rara... ¿Querés probar?"
"-No sé, es que... no sé, nunca tomé esas cosas. Tengo miedo."
"-Como quieras, no te obligo."
"-Mmm ok, a ver..."

4 comentarios:

  1. No sabía que bloggueabas.
    Empecé a leer cosas viejas. Ya me pondré al día.

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  2. "Acido, te vuela la cabeza, te hace sentir el sexo de una forma muy rara..."

    Todo esto me hizo mucho ruido.. Muy bueno, trajiste dulces/amargos recuerdos a mi cabeza..

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  3. Por lo que más quieras posteá la última parte. Me leí ambos en 5 minutos y no se si gritarle a ella por estúpida, trompearlo a el por insensato o abrazarlos a ambos por compartir ese irrefrenable sentimiento que se siente cuando amás a alguien con todas las letras (aunque no te des cuenta al toque).

    Un abrazo. Ya mismo te sigo.

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