miércoles, 14 de septiembre de 2011

El mundo es un pañuelo: Hermandad (3/3)

Uno, dos, tres fueron exactamente los ataques que recibió ella mientras él llamaba por telefono al numero que había en la mesita de luz.
No aguantó la espera del llamado, ni siquiera miró el celuar. Lo tiró, lo dejó muerto en el piso casi paralelo al cuerpo de ella.
-Loca, levantate dale, no sé que mierda hacer.
Ella no le contestaba, abría los ojos, los cerraba. Estaba en otro lado, quizás en una dimensión  muy lejana.
Desesperado, agarrándose la cabeza y sin saber que hacer fue en busca de agua. Le mojó la cara, la volvió a tocar.
Respiraba levemente sin dejar de temblar cada cinco segundos, hacía movimientos que el jamás había visto... la tipa estaba conectada a un cable de electricidad invible.
Y ahí fue cuando por un momento le soltó la mano y se dejó ir. Y él por primera vez en meses largaba su primer lagrima. Su primer llanto ahogado, su primer rugido de dolor.
Golpeó con una fuerte piña el respaldo de la cama y sintió que era invencible, que el dolor fisico no estaba presente. Lloraba por ella, por su padre, por su madre y hasta por el hijo de puta de Martín que le había vendido todas esas clases de mierdas por años.
De un instante a otro se escuchó un quejido, como una tosida prolongada y ella se incorporó casi mecánicamente y quedó sentada en la cama. Sus pupilas dilatadas, su piel roja y sudorosa no le daban una buena imagen.
-¡LLAMA AL TELEFONO DE LA MESITA DE LUZ, TE DIJE. LLAMALO POR FAVOR! le gritó sin importar quien podía estar escuchando.
El temió por esa imagen, por esa voz, por ese grito. No era la dulce que había conocido. Agarró su Blackberry ultimo modelo y volvió a marcar el numero en su celular y se encargó de hacerlo dígito por dígito: 155- 5657...
Ese numero por un instante le recordó a algo o alguien y lo obligó a pensar de quien podría ser. Quizás de alguna pendeja que había estado con él... pero no había tiempo de pensar en estupideces  y siguió marcando.
Apretó el botón de llamada de su celular y al mismo tiempo giró la cabeza para escuchar de nuevo como ella gritaba y se quejaba. Era un grito infernal, un grito que no podría salir de un ser humano.
La convulsión empeoró y ella casi saltaba acostada, fue la imagen mas tormentosa del mundo.
Muy bajo y de algún lugar se escuchó (quizás del altavoz de su celular):
-¿Hola hijo, estaba en una reunión que pasa?

El frió le corrió el cuerpo a él, lo congeló. Cortó la comunicación y volvió a marcar el numero que ella le había ordenado casi como si fuera una orden divina y desesperada. El mismo numero que guardó en su mesita de luz por meses, el numero que le habían informado que era del padre, su padre que la había abandonado cuando nació.
155- 5657... marcó de nuevo y en la pantalla de su celular, grande y en color blanco relucía la palabra : Papá.

4 comentarios:

  1. NOOOOO!!! que buen final!!! Me gusto, en serio, muy bueno.


    Para salir a la luz la verdad se hizo valer de hasta el ultimo pulso y latido, para ser descubierta en la vida.

    Saludos Matt!

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  2. No se todavía como mi lunes aburrido llego a esta entrada, a este blog, pero lo agradezco.
    Increible Matt.

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  3. qué dolor hay en cada palabra. sos un grande loco, qué talento

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